Las voces de Yungay
Soy el Campo Santo, soy el que fue…
soy el que soy, soy el que será y que vendrá,
estrella tras estrella, viento tras viento, rosas tras rosas, alegrías tras alegrías,
soy… la vida que de nuevo transita…
Yungay, una ciudad que en sus tiempos fue la más hermosa del departamento de Huaraz, apunto de ser la capital de la cuna del Huascarán. No se esperaba que la mañana del 31 de mayo de 1970, un terremoto de escala 9 destruiría todo a su paso y que la madre naturaleza en la peor de sus iras no contando con todo el desastre ya hecho, desprendiera una de las puntas del nevado Huascarán y en una mezcla mortal de lodo arrasaría con casas y cientos de personas que allí se encontraban junto con ello cubriendo aquella ciudad y manteniéndola metros más abajo de lo que actualmente es considerado un camposanto donde aún los pocos familiares de los sobrevivientes que quedan van a rendirle tributo a sus muertos.

Hace unas semanas viajé a Huaraz por otros asuntos y el día domingo de aquella ocasión junto con un grupo de rock nacional (Trémolo) visitamos ese lugar lleno de una carga de paz como de dolor en ciertas zonas. Es así como dispuse a usar uno de los equipos que ya en Dharma se nos ha vuelta de mucha ayuda, me refiero a la Frank’s Box.
Ya en la entrada del recinto junto con la Frank’s Box ya se podían escuchar desgarradores gritos como “auxilio”, “ayuda”, “ya viene…”, “corran…”. No soy sensacionalista, eso fue lo que se hoyó.

Muchas personas generalizan el sensacionalismo en estos temas, pues esto es lo que venden, sin embargo yo no tengo que venderles algo, es lo que les estoy narrando. Aún así no pudiera mentirles, ni mentirle a los miembros de Trémolo que estuvieron presentes en las pruebas realizadas con dicho aparato.
Inexplicablemente en uno de los sectores donde se hallaba una enorme piedra en homenaje a los fallecidos de la tragedia, las baterías se acaban. Luego, junto a un bus, parte del grupo Trémolo preguntaría sobre el incidente y al escuchar las respuestas de parte de un niño y un adulto les pondría la cara asombro.
Aún no puedo comprender cómo es posible tener contacto con personas que en algún momento fueron de carne y hueso como nosotros es muy díficil de comprender y conversar puesto que la negativa del común no llega a aceptar ello, puesto la idea de que el ser humano cuando muere pasa a un lugar lleno de divinidad es lo que nos han contado desde niños.
La rareza de que puedas hablar con un muerto y que te pueda conversar como si aún estuviera vivo es lo más extraño, un estando metido en estos temas y tocarlos a fondo, no sólo aceptando la forma en que nos la venden los medios puede darse cuenta este mundo y esta vida y otras quizás son muy complicadas para dar un explicación concreta.
Caminando hacia el cementerio de Yungay, un fuerte viento no sobrecogía en el trayecto. Ya, a la llegada junto con un amigo decidimos caminar por otras zonas del lugar sorprendiéndome aún más de lo que estaba puesto que al encender nuevamente esta especie de teléfono del más allá dijeran al instante “Renzo!”, “hablame… pregunta” por voces en simultáneo que no hicieron más que dejar a mi compañero y a mí pasmados haciendo más estremecedor los vientos aumentaron su fuerza.
Luego de realizar la “conversación”, agradecí a todas aquellas personas que respondieron y estuvieron en el momento de uso de la Frank’s Box. Sin duda, el cuestionamiento creció.
Y el recuerdo de aquel acontecimiento tan voraz como el de Yungay se sintió revivir con cada una de las voces durante el recorrido. Qué Dios bendiga a cada una de las personas que yacen en el suelo de Yungay, un pueblo que pagó culpa sin tenerla.